Contra todo mis deseos me levanté de la cama dejando a Lizbeth dormida y enredada entre las sábanas, las ganas de quedarme con ella ahí eran… Desgarradoras. Pero la vibración de mi teléfono en el bolsillo trasero de mi pantalón, me avisaban que Gabriel ya estaba afuera esperando. Abroché los botones en las muñecas de mi camisa mientras veía a Liz suspirar en sueños. El sentido de posesión que despertó aquella imagen fue fuego en mis venas, joder… Si algo o alguien amenazaba de cualquier forma aquella expresión de paz con la que dormía, no sabía si sería del todo capaz de contenerme. Mi bella doctora ya había sufrido suficiente...