Nunca me había costado tanto tiempo terminar una maldita misión, o tal vez yo me encontraba más ansioso de lo que acostumbraba, sabía qué hacer al pie de la letra, no era la primera vez que lo hacía, que fingía mi muerte con algún nombre falso y lograba infiltrarme bajo otra identidad en las líneas enemigas, no necesitabas ser un soldado todo el tiempo, solo falta un minúsculo margen, esta gente podía ser cuidadosa, pero seguían siendo humanos, tenían necesidades y además vicios, cómo cualquier otro mortal, solo hacía falta buscarlos.
Entré finalmente al edificio de la base militar estadounidense en Nairobi, Kenia. Finalmente, había terminado, después de ocho jodidos...