Ciertamente, mi beca en el ejército no era lo que había estado esperando, joder siempre había hecho deporte en mi vida, pero la preparación física de estos lunáticos no era deporte.
¡Era tortura!
Me levantaba diariamente a las cuatro de la mañana, desayunábamos, sí, en plural, porque había doctores que estaban ahí, entrenándose, por voluntad, ¡Ese infierno era su jodida primera opción!. Recién graduados de medicina que hacían su pasantía quirúrgica en el ejército, moliendo sus músculos desde las cuatro de la mañana hasta las ocho, luego clases hasta la diez, sí, clases teóricas de la tortura militar, y luego, por fin, íbamos al departamento médico, cada uno de ellos...