Luego de la visita durante el día de ayer del guerrillero a cargo, del cual, aún no sabía el nombre, un grupo de hombres de la misma edad entraron a mi habitación y me trajeron algunas cosas, cambiaron el colchón, pusieron sábanas limpias y nuevas, así como frazadas. Ninguno habló conmigo, simplemente entraron, cambiaron las cosas y se fueron.
Más tarde, llegó una adolescente, en una bandeja, traía la que debía ser mi cena. La dejó sobre la cama y además de darme algunas miradas curiosas como si quisiera decirme algo. Simplemente se fue.
Durante todo el tiempo que permanecí encerrada me abstuve de pensar en cualquier cosa que tuviese...