Todo estaba oscuro y mi mejilla ardía, tenía que luchar continuamente con las garras de la ansiedad que me obligaban a querer perder la calma, los ejercicios de control nunca habían sido tan necesario, contaba hasta cien cada ciento veinte segundo, lo necesitaba para no ponerme a gritar, hiperventilar. No podía ver, en el ascensor del hospital me habían puesto una venda en los ojos, ellos…. Me habían tocado el cabello para amarrar la tela y había sido… Incómodo, no era como el tacto dulce o sensual de Carter o la caricia maternal de Ava…
Ava… Ava…
Ellos la habían golpeado, le habían disparado ….
Cada vez que lo pensaba...