Cuando se abrió la puerta de la habitación del hotel, una hora después, y Harry cruzaba la estancia con su madre sosteniendo, la que supuse eran sus pertenencias en una escasa maleta, entendí rápidamente que algo no iba del todo bien, mi novio que normalmente se veía tenso y serio, ahora tenía una mirada algo vacía, algo cruel y su mandíbula estaba tan tensa como la cuerda de una guitarra.
—¿Eso es todo? —pregunté algo confundida, estaba segura de que le había dejado más que claro que la idea era llevarla a vivir con nosotros, no un paseo de fin de semana.
—Es lo que pudimos sacar.— Dijo entonces él...