Los días pasaron más rápido, de lo que pudiera haber imaginado, desde que había sido secuestrada. Las personas ahí, tenían una extraña inclinación por traerme regalos y cosas que no había pedido, además, había tenido que aprender rápidamente cómo evitar sus abrazos efusivos cada vez que le decía a algún familiar que su esposo, hijo, hermano viviría, afortunadamente, Ismat y Ashanti, entendieron bastante rápido mi desagrado con el tacto ajeno y ellos se encargaban de recibir aquellas muestras espontáneas de agradecimiento. Por otro lado, Haaziq, desde nuestra última salida para ver a los pacientes, había pasado más tiempo en el galpón que funcionaba de hospital, que al principio, volvía cada...