Sabía que sus palabras eran lógicamente ciertas, pero si alguna vez hubiera sido más lógica de lo que era realmente, entonces, probablemente, la muerte de Henry no me habría destrozado tanto como lo hizo en aquel entonces, con la rabia brotando en cada uno de mis poros me levanté de la cama, me alejé de él echa una furia, y dando dos pasos hacia atrás, casi me tropecé con mis propios pies al hacerlo.
—Fuera.— Ordené lo más seca y contenida que pude.
—Ava…
—¡No tienes un maldito derecho de decirme como tengo, o no, que sentirme sobre la muerte de mi esposo!— Estaba gritando, no podía evitarlo, no quería...