Me esforcé por recuperar mi control lo más rápido que pude, incluso cuando el mayor no parecía particularmente molesto por continuar jugando con mi cabello, no me había abrazado, yo tampoco, Simplemente había apoyado la frente en su enorme torso y él había levantado una mano para acariciar mi cabello, con una suavidad que después de varios minutos, todavía tenía mi corazón temblando, que un hombre tan enorme como ese, pudiera mostrar semejante delicadeza, era suficiente para acongojar el corazón del cualquiera. Separé mi frente y fue señal suficiente para que él cesara su dulce caricia, di dos pasos atrás antes de levantar la cabeza.
—Gracias— dije con sinceridad, porque...