Había ido hasta la cocina para prepararme un café mientras le daba a Liz, unos segundos para encontrar las palabras que la pudiesen ayudar a expresar de forma coherente, aquello que tanto le molestaba sobre nuestra boda.
—No me gusta ser el centro de atención.— Dijo Lizbeth, su mirada severa en cuanto volví a salir a la terraza.
—Lo sé.— Respondí tranquilo tomando asiento en el mismo espacio que había estado, ella estaba sentada justo en la silla, continúa, con sus dos pies sobre el asiento. Estaba seguro de que ella no era consciente de lo adorable que se veía. Constantemente me recordaba a un pequeño gatito encriptado a punto...