Cada vez que pienso que conozco bien a mi controlada doctora, descubro algo nuevo que apreciar, no siempre es de mi total agrado, pero al ser parte de ella, se vuelve importante para mí de forma inmediata, así de colado estaba por aquella racional doctora que se dejaba llevar por mis juegos e irracionalidades, incluso sin comprenderme del todo, me consentía, porque Lizbeth Anderson no era la reina de hielo que todo el mundo creía, no, ella era mujer más cálida y férrea que había conocido en mi vida.
Jugué con sus rubios mechones de cabello mientras ella conversaba con mi padre sobre el estado de su cáncer en una...