—Megs, ¿qué haces aquí?
—Yo… —balbuceé.
—Espera —me dijo mientras tomaba algo de una de las cómodas y entraba al baño. Regresó a los pocos segundos, cubierto con unos pantalones de pijama y una camiseta sencilla.
—¿Te sientes bien? —insistió, parándose frente a mí, con sus ojos fijos en los míos.
—Yo solo quería disculparme por lo de esta noche.
—No te preocupes —dudó extrañado—. ¿No podía esperar hasta mañana?
—Oh, lo lamento, no quería molestarte —avergonzada, me giré para marcharme, pero su mano cogió la mía deteniéndome y para mi sorpresa tiró de ella para voltearme y hacerme estrellar con su pecho.
—No te vayas —susurró embriagándome de placer....