Yo, Megan Asper, la chica más popular de la Universidad, estoy enamorada de Alejandro
Hott, un idiota cuatro ojos, presidente del club de matemáticas, ajedrez e informática,
¿pueden creerlo?. Amo todo de él, sus lentes de pasta gruesa, su corbata de pajarita,
sus tirantes y su ridículo pijama de Elfos. Pero lo peor de esta historia, es que yo a él no
le gusto.
Yo, Ryan Asper, no soy el más popular de la Universidad, soy el más mujeriego, la
modestia es un don por el que no hice fila en el cielo, soy malditamente atractivo, tengo
todos los músculos de mi cuerpo bien marcados y definidos, mejor que si me hubiesen
hecho con photoshop. Las mujeres con las que me he acostado responden al mismo
patrón. Así que la mujer que amo por supuesto que es… todo lo contrario. Mikaela Hott,
es pequeña, de piernas cortas, infantil, inexperta y con unos cuantos —bastantes— kilos
de más. Ella acabó con todos mis esquemas y patrones. El problema: tengo 20 años y
ella 17.