No hay sonrisas, no hay palmas de alegría, no hay una respuesta que denote alegría o emoción por que estaré cerca de ellos. Al contrario, se han quedado serios mirándose el uno al otro y Greyson, solo se queda ahí mirando sorprendido.
—Por favor no lloren de alegría —digo con sarcasmo.
—No, Maya. No es eso. —Y aquí sucede… cuando algo malo pasa es mi papá el que siempre habla primero—. Es que nosotros también queríamos hablar contigo.
Ahora la sorprendida soy yo.
—¿Sí? ¿qué sucede? —pregunto poniendo los brazos sobre la mesa entrelazando los dedos frente a mí. No me gusta nada esto.
—Tranquila —mi padre extiende su mano...