No había mucho que hacer, tampoco para donde hacerse, no era momento de discutir, el sueño la estaba venciendo. Decidió dejar la pelea para mañana y acostarse a lado de Alberto. Ambos se dieron la espalda, pero como jugarreta del destino, el frio se intensifico en aquel lugar, haciendo que ambos se dieran la vuelta para quedar de frente.
Ninguno dijo nada, solo se dedicaron a mirarse bajo la oscuridad que los cubría. Se podía escuchar el corazón de aquellas dos personas latiendo con mucha fuerza. Alberto movió su mano para tocar la cara de Daniela, extrañaba esa sensación de tenerla cerca y de abrazarla desde hace mucho.
Ella no...