Chapter 5 La apuesta en el bar.

Chapter 5 La apuesta en el bar.

En tan solo tres días después que llegaran a la Ciudad de México, los pleitos entre Alberto y Daniela no cesaban. Por más que ella pusiera todo de su parte para no pelear, él no se la dejaba nada fácil. En poco tiempo los papeles se habían invertido «que la canción, quien los entiende», ahora era ella la que no estaba dispuesta a dejarlo ir por más que la rechazara una y otra vez.

—En vista de que no se piensan marchar de mi departamento, el que se va soy yo. Espero que cuando regrese, todos ustedes ya no se encuentren aquí, de lo contrario hablare a la policía por allanamiento de morada y no creo que sea lo mejor para su reputación —menciono Alberto, mientras salía de su cuarto con las manos en los bolsillos del pantalón.

—No pienso irme, así que puedes decir una misa completa y los rosarios que quieras cariño —respondió Daniela cruzada de brazos.

—G-grrr.

—Además, tampoco saldrás de la casa sin mí, que te quede claro que no dejare que regreses al bar a ver a tus amiguitas de anoche, no creas que no estoy enterada de todo lo que has hecho durante este tiempo, y me vas quitando esos ojos en blanco que me estás poniendo cuando hablo, porque hablo muy en serio Alberto Holmberg Kara.

«No sé ustedes pero cuando mi mamá dice mi nombre completo es tiempo de correr por mi vida y encomendarme a todos los santos existentes antes de que acabe conmigo»

— ¡No me hagas reír! No eres mi mamá para prohibirme nada, ni tampoco mi niñera, ni mi novia, mucho menos mi esposa, así que con tu permiso o sin él, señorita Bemberg, iré a disfrutar de la noche tan bella que Dios nos regala este día; no tengo ni gota de gana de seguir soportándolos.

— ¿A dónde vas? Si te atreves a salir por esa puerta iré tras de ti y te aseguro que no te gustara la manera en que me comportare, así que no tientes al diablo, porque te puede salir muy caro y no creo que te guste para nada.

Para nadie era un secreto que estuviera huyendo de ella, pero no se lo permitirá,

— ¡No! Claro que no vendrás conmigo, porque no se me da la regalada gana que me acompañes, ni tú ni ellos. Así que vete a donde quieras, y deja de molestarme que ya no te soporto un segundo más —respondió Alberto, tratando de sonar enfadado con ella.

En el fondo solo quería estar un rato solo para pensar mejor lo que estaba pasando, desde que llegaron no se le ha separado ni un segundo parecían ladillas pegadas. También disfruta ver como su chica se entercaba en estar cerca de él, si supiera que en el fondo moría por abrazarla fuertemente.

—A mí no me grites, porque no me mantienes ni nada por el estilo. Mide tus palabras gusano de quinta —dijo Daniela.

«Duro contra el muro, no te dejes»

—Yo no mido nada, yo hablo como quiero, además, esta es mi casa, si se me da la gana puedo andar en calzones, lo hago y punto. Si no te gusta la puerta está muy grande para que puedas salir por ella a la hora que quieras y recuerda no regresar nunca porque pondré un anuncio en la entrada de que se trata de una loca maniática que quiere acabar con mi vida.

—Adelante, quiero ver que salgas por esa puerta. Solo no te quejes lo que pasara después Holmberg —respondió Daniela alzando las cejas con picardía.

— ¡Dios! ¡Dios! dame paciencia por favor, si me das fuerza te juro que la mato. Esta mujer es imposible y latosa como solo ella sabe hacerlo me está desquiciando —expreso Alberto, colocando sus manos en la cabeza.

«Y luego que las dramáticas somos nosotras»

—Deja el drama que eso no te queda, así que dime ¿A dónde iremos de fiesta amorcito, o no sales de esta casa? Ya te dije que no iras a ningún lado sin mí, tú decides cariño que es lo que quieres hacer —dijo Daniela mientras tomaba haciendo en los muebles de la sala.

—Me voy, haz lo que se te pegue la regalada gana. Bruce te dejo a tú nueva amiga, espero la sepas controlar, porque lo que es yo no mas no la soporto —expuso Alberto acrecentando el enojo en Daniela, que ya no podía ocultarlo.

La verdad no tenía pensado salir a ningún bar, solo quería dar una vuelta y estar solo por un momento; tenerla cerca era un tormento. Nunca había visto que se pusiera de esa forma, su corazoncito brincaba de alegría por ello. Tampoco le dejaría las cosas fáciles, vería hasta donde llegaba con su terquedad, los más preocupados por todo esto eran sus amigos que los tenían que seguir a todos lados.

Por más que intentara no seguirle el juego, ella era una persona de mecha corta, muy muy corta. Salió detrás de Alberto seguida de los chicos, después de encontrarlo en semejante estado, no lo dejarían solo en estos momentos, por lo menos ya tenía tres días sin probar una gota de alcohol.

Caleb: ¿Cuánto quieres perder que estos dos terminan en pleito de nuevo?

Bruce: No creo, confió en Daniela. Se está comportando de la mejor manera, no se deja influenciar por lo que él diga o haga.

Caleb: ¿Apostamos?

Bruce: Hombre de poca Fe por eso estas más solo que una cabra, pero que sería de estos momentos sin las apuestas ja ja ja ja. Veamos quien gana esta ronda.

Caleb: Sin duda alguna, la mejor manera de disfrutar la vida. Solo espero que podamos controlarlos cuando estén a punto de matarse, no me gustaría terminar en la cárcel o en el hospital por culpa de ellos.

Bruce: ¡Venga!, no seas un aguafiestas. ¿Qué más puede pasar con estos dos?, ya hemos pasado de todo, a mí ya nada me asusta.

Los cuatro salieron del departamento en total silencio «hay más ruido en un funeral que en la plática de ellos en el coche». Alberto iba pendiente de sus amigos, conociéndolos de seguro estaban hablando de ellos, sus gestos era la prueba fehaciente de lo que imaginaba, además que seguramente tramaban algo.

Algún día le tocaría su turno de vengarse, por el momento le tocaba apechugar todo lo que pasaba, ajena a todo lo que pasaba, ella observaba el hermoso resplandor de las avenidas por donde circulaban lentamente; para ser su primera vez todo era maravilloso a su vista.

Minutos más tarde llegaban al Bar donde Alberto se había hecho cliente constante, el cantinero saludo muy emocionado a uno de sus mejores clientes de los últimas semanas.

«Si claro, hasta un jarabe Tapatío le bailaba con esas propinas que deja»

Un tequila doble fue servido en la barra en cuanto llego, acompañado de pequeñas botanas.

—Joven, quiero lo mismo que le serviste a él —replico Daniela seriamente, mientras lo miraba.

« ¿Estas segura de eso?»

— ¿Qué pretendes? El tequila es solo para gente experta, tú no sabes tomar, así que deja tú juego, no quiero cargar contigo después, mucho menos que venga tú papi a culparme por algo que no hice —gruño Alberto, tomando su vaso pasando su contenido de un solo trago.

«Bravo, así se toma el tequila»

—No pretendo nada, te dije que lo que tu hagas lo voy hacer yo, hasta que entiendas que hablo en serio y me escuches —respondió Daniela, haciendo lo mismo que él.

El líquido toco su garganta quemándola duramente, no era experta en alcohol de ese tipo, pero si tenía que aprender ahora lo haría sin problema alguno.

—No me hagas reír, ahora si te superaste a ti misma. Espero que tengas un buen estómago, de lo contrario para mañana no quiero quejas, ni cargar con culpas que no me corresponden como acostumbras hacer —recalco Alberto.

«Eso si dolió, acaba con él para que se le quite lo bocón. Las mujeres también sabemos tomar unas copitas de alcohol cuando lo proponemos»

— ¡Vamos!, ¿Tienes miedo que pueda más qué tú? Eso sí es novedad, el chico malo no quiere verse aplastado por una novata como yo —menciono Daniela, mientras el sabor amargo ya lo había pasado, después de todo no fue tan malo.

—Cantinero, deme la mejor botella de tequila que tengas y dos caballitos —grito Alberto sonriendo. Si ella quería jugar, quien era el para decirle que no. Una vez más él tenía la oportunidad de ponerla a prueba.

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