Cada copa que Alberto tomaba Daniela hacía lo propio, no se detuvieron por nada del mundo, la idea era hacerla perder en sus terrenos para alejarla un poco, pero en el fondo se estaba divirtiendo con sus ocurrencias por hacerlo sentir mejor.
Sabía que estaba en desventaja, aunque la práctica hace al maestro no se dejaría amedrentar fácilmente por su chico. Una botella y media después, ella empezó a di variar un poco, y a tener pensamientos confusos, la lengua se le enredaba al hablar.
«Tengo mis dudas, para mí que está fingiendo todo, para ver si se puede aprovechar del príncipe azul que tiene a la mano»
Sus amigos que observaban muy de cerca la escena, llamaban la atención a Alberto por su comportamiento estúpido e infantil. Si el señor Bemberg se enteraba de cómo está tratando a su hija, seguramente ya lo estuvieran velándolo.
Bruce que había prometido cuidar de Daniela cuando salieron de Grecia, estaba decidido a llevársela de regreso para que no la volviera a ver, hasta que cambiara su actitud con todos.
« ¿Qué mosca la pico? No que le cae mal, ahora porque tanto amor por Daniela»
Según su amiga se estaba comportando como un animal irracional que todo lo que importaba era solo él y no valoraba todo lo que ella estaba pasando para irlo a buscar hasta México. El más tranquilo era Caleb quien seguía observando en silencio desde su asiento, aunque a veces se perdía, intentando localizar a una persona por todo el bar, de la cual no perdía detalle alguno.
«Algo así como un depredador tras su presa»
Cuando se paraba al baño casualmente le tocaba pasar a lado de la chica, acto que pasó desapercibido para sus amigos por estar metidos en su mundo.
—Alberto, bailemos, me gusta esa canción —grito Daniela, eufórica de la emoción de la noche.
Por primera vez estaba a su lado disfrutando de un momento de paz y tranquilidad, de lo cual no disfrutaba desde hace mucho.
—No quiero, no se bailar y si supiera créeme que serias la última persona con la que bailaría en mi vida —murmuro Alberto sonriendo.
La conocía de sobra y ella no era de las personas que aceptarían un no por respuesta, esperaba que su reacción fuera colérica, para así reírse una vez más de ella en su cara.
—He dicho que bailemos, no pregunte si sabias bailar o no, así que te callas y te aguantas cariño, ya he soportado mucho tus desplantes de niño mimado y me estoy cansado. No te conviene conocer mi lado malo, te aseguro que no te gustara ni un poquito —recito Daniela levantándose de la silla donde estaba, para acercarse a él.
Aunque no entendía muy bien lo que trataba de hacer, el gesto de ella no pasó inadvertido para él. Esta mujer lo estaba matando de la emoción, ¿Acaso no era consciente de los sentimientos que tenía por ella? Tenerla cerca lo estaba volviendo loco.
«Ahora resulta que ella te pone loco, no amigo, loco ya estabas solo que no te gusta admitir las cosas»
Lentamente coloco sus manos a la altura de su cintura mientras ella paso sus manos por su cuello, jalándolo más cerca. Podían sentir la respiración de cada uno, de no ser por el sonido de la música podría jurar que escucharían el latido de sus corazones.
Sin pensarlo empezó a cantarle en el oído a Alberto parte de la canción que estaba sonando, poniendo énfasis en cada una de las frases que decía. Alberto nunca especuló que le gustara ese tipo de música, que para muchos era música agropecuaria, tan solo de recordarlo le causaba mucho risa.
Esa no era la chica que conocía, mucho menos la persona que describían en la Ciudad, verla de esa manera era un lujo, le gustaría tener una cámara cerca para grabarla. Solo una vez habían bailado tan juntos, eso fue en la fiesta de fin de año después del accidente en el hotel de Waas, por lo que no estaba para nada preparado. La canción que sonaba era un poco romántica para su gusto.
«Ya dile que es completamente cursi y que la canción es horrorosa »
Ella la cantaba con mucha inspiración y con muy mala entonación «agarren los ventanales, no se vayan a romper»
Tú me dijiste abrázame
No me hace falta nada abrázame
Porque contigo tengo todo, te lo juro
Y sobre todo cuando me dices te amo
Tú me dijiste abrázame
Que es mi mejor regalo
Abrázame
Si quieres darme algún obsequio cómprame todo tu tiempo
Y quedare siempre a mi lado
—¡Escuchaste!, todo eso es lo que siento por ti cariño, lamento no poder decírtelo antes pero no tenía el valor para hacerlo, eres la persona que más odio en este mundo, pero también la que más amo —murmuro Daniela, mientras Alberto la sostenía entre sus brazos, si la soltaba de seguro daba el ranazo solita.
« ¿Solo ella? O tú también»
— Sigue
—No me alejes de nuevo, déjame decirte todo lo que siento por ti, déjame demostrarte que te amo con locura, que no eres el único que la ha pasado mal, déjame cuidar de ti y juntos superar lo que ha pasado. Sé que soy complicada pero quiero ser feliz a tú lado ¿Por favor Alberto?
—No es momento para hablar, debes parar un poco y dejar de tomar, no estas para eso muñequita, perdóname por tratarte tan mal desde que llegaste. Te prometo que mañana tomaremos el tiempo para platicar todo lo que quieras, solo te pido que dejes de tomar muñequita; vamos a casa, ese es el lugar donde deberíamos estar en estos momentos.
Por mucho que la quisiera hacer sufrir, ya no podía permitir que siguiera tomando, pero la terquedad de esta mujer era enorme, definitivamente era más terca que él y todos sus amigos juntos.
«Nota mental, nunca más retarla, ni hacerla enojar porque no sabemos de lo que es capaz de hacer»
— ¿De verdad? Prométemelo. ¡Hey!, ¡Hey! chica bella, a partir de hoy eres mi mejor amiga, pero ¿Puedes repetir la canción por favor? Quiero cantarla de nuevo para que escuche cuanto lo amo —declaro Daniela mientras la mesera que pasaba cerca de ellos se detenía con sus ocurrencias muy divertida.
—Honor que usted me hace señorita, no te lo aseguro, pero tratare de hacer mi mayor trabajo con el encargado de la música, ya sabes cómo son los hombres cuando quieres indicarle como hacer su trabajo —dijo la chica sonriendo.