Chapter 4 Estragos del viaje.

Chapter 4 Estragos del viaje.

— ¡Por fin! Que viaje tan más largo y estresante —dijo Bruce. —Por lo que veo no están en el departamento, llamare a Caleb para saber dónde andan, mientras acomódate en la habitación de Alberto, es la primera a la derecha, Daniela.

—Sí, no te apures, esta vez lo voy a esperar el tiempo que sea necesario y no saldré corriendo como siempre «espero que sostengas tú palabra y nos hagas quedar mal a las mujeres», no pienso irme sin él —dijo Daniela mientras se adentraba en el departamento con Bruce.

—Hable con Caleb deben de llegar en unos diez minutos, pero hay algo que debes saber antes de que ellos lleguen. Alberto se emborracho de nuevo en un bar, se tropezó cuando intentaba ponerse de pie, tropezando con una mesa, se ha golpeado la cabeza y esta inconsciente del golpe. Ya lo han revisado y se encuentra bien «si eso es encontrarse bien, no quiero saber cuándo se encuentre mal» saldré a buscarle unas aspirinas y otras cosas que me ha encargado Caleb antes de que lleguen, por favor espera aquí en lo que voy a comprarlas.

— ¡¿Qué?! No puede ser ¿Qué he hecho? Alberto nunca había tomado de esa manera, ni cuando ganaba en los mejores circuitos. Debo de ir por él, dime ¿Dónde está? No puedo quedarme esperando como si nada pasara —respondió Daniela asustada por escuchar las palabras de Bruce.

—Tranquila muñequita, ya Caleb lo trae de regreso, será mejor que lo esperes aquí o se cruzaran en el camino, además no sabes andar en la Ciudad de México. Será mejor que prepares un buen café «súper cargado por favor, si no sabes como le digo a mi hermana que te enseñe» para bajarle la borrachera —respondió Bruce mientras salía a la farmacia, por todo lo que le encargaron.

Bruce salió sin decir más, dejando a Daniela con los nervios de punta, Alberto estaba por llegar, no sabía cómo actuaria cuando la viera. Los minutos pasaron sin tener noticias de ninguno, se dedicó a recorrer el departamento, cada paso era como adentrarse en la vida de Alberto, dándose cuenta que no se conocían en absoluto. Sus nervios la delataron hace un momento, pero Bruces no cuestiono nada de lo que dijo, de lo contrario no sabría cómo explicar que sabe sobre las carreras.

Entro a lo que pensó que era su cuarto, lo dedujo porque cerca de la cama yacía una foto de ella con un marco en forma de corazón color rosa « ¡hay que romántico! ¡Cursi!», Su corazón se aceleró y sus piernas empezaron a temblar como gelatina.

Le llamo la atención las fotos de ella, se encontraba en la sala de su casa comiendo palomitas en lo que miraba a su familia, abajo tenia anotado la fecha en la que fue toma. Por más que hizo memoria, se dio cuenta que ni ella misma la tenía, como era posible que él la tuviera a tantos kilómetros de distancia.

En la pared se encontraban más fotos de ella, en diferentes etapas de su vida, antes de que terminara de verlas, las lágrimas ya resbalaban por sus mejillas, al ver todo el amor que él le tenía, mientras ella lo odiaba tanto sin saber la verdad.

Daniela recorrió a paso lento parte del cuarto de Alberto, entre más se adentraba en sus cosas, más podía darse cuenta que siempre la ha tenido presente «Huy esto se está poniendo bueno». Se detuvo cuando escucho el ruido de la puerta abrirse, saliendo del cuarto para caminar hasta ella pensando en que era Bruce, pero antes de que pudiera dar vuelta a la sala se quedó paralizada al escuchar a Alberto balbucear algunas palabras a su amigo.

El momento había llegado, no podía dar marcha atrás, se armó de valor corriendo a donde estaban para encontrarse con un Caleb con la camisa toda desfajada y algunos golpes leves en la cara, sosteniendo a un Alberto completamente inconsciente.

— ¡Daniela! Me alegra que llegaran, por favor ayúdame ya no lo aguanto, este hombre parece que come piedras, nunca pensé que pesara tanto. Vamos a ponerle en el sofá en lo que llega Bruce, me ha avisado que está muy cerca con todo lo que le encargue hace un momento.

« ¿Le encargaste? Permíteme me rio, se dice, le encargo la señorita mesera, que dicho sea de paso te regaño y ni pio dijiste queridito»

— ¿Cómo se encuentra? ¿Ha bebido mucho hoy? ¿Desde qué horas se fueron? « ¿En serio mija? tas viendo que el muchacho no se puede ni sostener solo y preguntas eso» —cuestiono Daniela, mientras ayudaba a sostener a Alberto hasta el sillón más cercano.

—Lo normal, unas cuantas botellas de tequila, unas cuantas cervezas y dos de vino, para eso de no revolver. A estas alturas no creo que su hígado le funcione muy bien que digamos, pero ahí la lleva, listo para que sea candidato para solicitar un trasplante —dijo Caleb sonriendo.

—He preparado un poco de café iré a traerlo, Bruce salió a la farmacia por lo que encargaste, no debe tardar en llegar, según él todo está muy cerca —dijo Daniela, mientras cruzaba la sala para llegar a la cocina y tomar la jarra de café.

No sé si eran los nervios o la impresión de verlo en ese estado, pero temblaba como una matraca en pleno uso. La primera taza que tome del estante se le cayó de las manos sin poder evitarlo.

— ¿Hablan de mí? No me puedo ir ni un segundo porque luego, luego empiezan los malos amigos hablar a mis espaldas «apúrate muchacho que el paciente se muere, después averiguas el chisme completo» —mencionaba Bruce mientras entraba con las aspirinas y otros menjurjes que le recetaron para la cruda de su amigo.

—Me alegro de verte Bruce, espero que me ayudes con eso —señalando a Alberto que estaba en calidad de bulto sobre el mueble, todo desparramado. —Cada día se pone peor, hoy me costó mucho trabajo sacarlo de aquel lugar. Si no es por el golpe todavía siguiera con las chicas con las que estaba coqueteando y me hubiera tocado irlo a buscar algún cuarto de hotel al jovencito.

— ¿Qué dijiste? —grito Daniela.

—Lo… lo… siento, pero Alberto quiere olvidarte, hoy se propuso conquistar a unas chicas que se encontraban en el bar. Te puedo jurar que no pasó nada más, estuve a su lado todo el tiempo.

Caleb no trataba de ocultar nada de lo sucedido, era necesario que Daniela se enterara de todo lo que estaba pasando en la vida de Alberto actualmente. Ella debía entender que las cosas no serían nada fácil para ninguno de los dos y aunque su amigo fuera él culpable, era el que más mal la estaba pasando de los dos.

—Está bien, no pasa nada. Gracias por cuidar de él, en serio no sabes cuánto te lo agradezco, Alberto es muy afortunado de tenerlos a todos ustedes —dijo Daniela mientras se acercaba a Caleb, depositando un beso en su mejilla derecha.

« ¡Sopas! Eso si nadie se lo espera, ni yo, esta mujer ya me está empezando a dar miedo con sus acciones»

Nunca imaginaron que eso pasaría, ni en mil años luz, es más, ni en sus más cochinos sueños, pensaron que Daniela hiciera eso con un integrante del Club de Toby. Tanto Bruce como Caleb se miraron sin decir palabras, esa chica sí que los sorprendía en cada paso que daba.

Llevaron a Alberto hasta su cama, lo acomodaron para que descansara, aunque era de madrugada les esperaba una larga jornada para que él se despertara. Ella se quedó para cuidarlo, los chicos se fueron a la sala para ponerse al día, notificando sobre el estado de Alberto al resto de sus amigos.

«Luego dicen que nosotras somos las chismosas»

— ¡Hay mi cabeza! ¡Mi cabeza!, ahora si me va explotar —soltó Alberto mientras se colocaba las dos manos apretándose fuertemente la cabeza.

«No es que le doliera de tanto tomar, si no del chingadazo que se dio por tropezar con la mesa»

— ¿Quién abrió las cortinas? Caleeeeeeb, Caleeeeeeb ¿Cuántas veces te he dicho que no te metas a mi cuarto? te voy a patear nada más que te vea, debes regresarte mejor a Grecia ya no te soporto, eres una ladilla en la Conchinchina.

—Cuando termines de quejarte, toma estas dos pastillas; te aseguro que te ayudaran a mitigar ese dolor que tienes en estos momentos, después iremos a desayunar para que puedes recobrar fuerzas —dijo Daniela mientras se acercaba con una sonrisa a él con una sonrisa en su cara y extendiendo su mano con el jugo de naranja y las pastillas.

— ¡Por los clavos de Cristo! lo que me faltaba, Caleeeeb, Caleeeb ahora alucino, ¿Qué madre le pusiste al café en la madrugada? Juro por el osito bimbo y todos sus panecitos que si estas tratando de asustarme te voy a patear cuando te vea.

Enterró la cabeza en la almohada, para desaparecer la alucinación que según él estaba teniendo a causa de la cruda.

—Alberto, ¡Cariño!, no estas alucinando soy yo Daniela, tú Daniela. Mírame, estoy aquí, vine por ti cariño ¡Mírame!, está vez no me iré de tu lado, a menos que tú así lo quieras —decía Daniela, mientras se acercaba a la cama, sentándose a su lado, para tratar de tranquilizar sus propios miedos.

No era momento para reclamos, era momento de arreglar las cosas con él, para regresar a casa, donde la esperaban sus padres y sus amigos.

— ¿Qué haces aquí? ¿Quién te trajo? ¿Cómo supiste donde estaba? Será mejor que te vayas, no tienes nada que hacer aquí, vamos vete, vete, no quiero saber nada de ti, estoy muy enojado contigo y con todos.

— ¿No crees, que son muchas preguntas? Puedes decir lo que quieras, no me voy a mover de aquí mucho menos de tu lado, así que puedes hacer o decir lo que quieres que no me iré. Vine a pasar el día contigo cariño y escuchar todo lo que tengas que decirme, te aseguro que te escuchare sin interrumpirte ¿Qué te gustaría que hiciéramos?

— ¡Silencio! —respondió Alberto enfadado porque la chica no se alejaba.

—Si eso deseas, perfecto. Solo toma estas pastillas y el jugo que te ayudaran a mejorar tu malestar.

El silencio se hizo presente en la habitación, Alberto tomo las pastillas que le estaba dando como niño muy obediente, para que dejara de atormentarlo, pero no retrocedió ni un milímetro.

«A que la canción, ya van a pelear de nuevo y apenas se acaban de encontrar»

El duelo de titanes estaba por empezar, siendo esa su primera batalla de quien sabe cuentas que estaba por venir.

« ¿Primera? bueno ya se me perdió la cuenta, digamos que es la primera en México»

Camino a la regadera, para darse un buen baño. Era mejor alejarse de esa mala mujer que lo volvía loco en todos los sentidos, ahora si patearía a Caleb por decirle donde estaba y traerla a su cueva.

—Caleb, no pensé que fueras un chismoso, te vendiste al mejor postor —dijo Alberto saliendo de su cuarto para hablar con su amigo, quedando sorprendido por ver a Bruce con una sonrisa en la sala platicando como si nada.

—Se ha levantado el príncipe —dijo Bruce.

— ¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste? No me digas que tú… —pregunto Alberto. Por lo visto hoy sería el día de muchas preguntas.

—A mí también me da mucho gusto verte amigo —respondió Bruce con sarcasmo. —Ahora ven acá que te doy un abrazo, me has hecho mucha falta, el Club de Toby no es lo mismo, sin tú mal humor de perro al que nos tienes acostumbrados, prometo ya no quejarme tanto.

Por mucho que quisiera estar de mal humor, su corazón brincaba de alegría, ella estaba ahí con él, viajo a buscarlo con uno de sus amigos. Estaba demostrando que había madurado en este tiempo, la miraba demacrada y más delgada, acaso ella también la estaba pasando mal; todo era confuso, no quiso darse falsas esperanzas, por el momento era mejor esperar para empezar acomodar sus ideas.

La vio sonreír, la vio mirarlo a los ojos fijamente. Cada vez que podía ella tomaba su mano delante de sus amigos, lo llamaba “cariño” “amor” “bebe” « que empalagosa resultaste, Danielita». Si eso era un sueño de verdad, no quería despertar en mucho tiempo.

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