Ahora si se habían liado y bien grande, nadie los podía salvar de semejante tontería, ni ellos mismos que consideran presentar los documentos para divorciarse, lo más pronto posible antes de que la noticia corriera como pólvora por la ciudad y que sus padres se enteraran.
— ¿Dime que estas mintiendo hermano? —dijo Alberto.
— ¡No! Me gustaría estar jugando con ustedes, la verdad es que no. En otras circunstancias las cosas se pueden arreglar, lamentablemente la cláusula que pusieron fue de muerte. Además, eso no es todo —menciono Andrew.
— ¡¿Todavía hay algo más?! No creo que nada más me pueda impresionar con esta locura que hicimos —pregunto Alberto...