Perdí la noción de las horas de vuelo, lo único que existía en ese momento éramos ella y yo. Pasamos de una plática a otra acompañada de unos pequeños besos que nos dejaban pidiendo más, pero ninguno de los dos quería que todo se estropeara.
Por un momento ella se quedó dormida sobre mi hombro, la acomode sobre mi pecho para que pudiera descansar mejor y yo junto con ella; todo esto me tenía sumamente estropeado y no sabía cuál era el destino final. Nada era mejor que descansar un poco, antes de ver cuál sería nuestra próxima parada por no decir la próxima locura que esta mujer me haría...