Alberto quien apenas se estaba enterado de lo sucedido, se dirigió a donde estaba su chica para tratar de calmarla, pero tras ver que golpeaba a su amigo sin piedad alguna, se queda estático a medio camino.
Observando la situación esbozó una sonrisa boba como las que solo él podía poner cuando la veía. Esa pequeña mujer tenía a todos en acción después de un accidente. Pobre de aquel que callera en sus garras en la empresa, verdaderamente era alguien de temer.
— ¡Usted! deme una habitación para el pequeño y su madre, lo carga a mi cuenta —indico Daniela con autoridad al Gerente del hotel.
—Lo…lo… lo siento señorita...