Un aullido de sorpresa arrancó a Ann de mi lado cuando una flecha pasó rozando su brazo antes de clavarse en el árbol sobre la barandilla en que habíamos estado recostadas. El miedo se apoderó de mis entrañas cuando, con la boca abierta, vi la sangre corriendo por su mano. Mi cerebro estaba demasiado paralizado por la sorpresa como para procesar un acontecimiento tan repentino y en mis oídos todavía resonaba al agudo sonido de la flecha rompiendo el aire.
La Luna abrió su boca cuando una segunda flecha fue disparada hacia nosotros. Me agaché, maldiciendo por lo bajo mientras calculaba la velocidad del disparo, pero una vez que pude...