Desperté con una sonrisa y miré alrededor de la cama; pese a encontrarla vacía, el cálido olor de Aiden aún permanecía allí; las sábanas llevaban su aroma. Aparté el edredón de mi cuerpo desnudo y me puse su camisa, abrochándola deprisa.
Incapaz de dejar de sonreír como una tonta, me mordí los labios; la noche anterior había sido para el recuerdo. El Alfa había sido tierno y cuidadoso, tan amoroso que casi quería llorar por el cambio. Antes, todo se había tratado de sexo; no obstante, en esa oportunidad se había sentido diferente, apasionado y encantador hasta el dolor.
Las cosas entre nosotros habían cambiado de buena manera; una especie...