Vi cómo Aiden entró en el agua y resurgió varios metros más adelante. Las olas eran muy pequeñas, la luz del sol bañaba nuestros cuerpos y se podían ver pequeños peces moviéndose alrededor de nuestros pies. Solté un suspiro de tranquilidad y me di la vuelta, dándole la cara al sol. Cerré los ojos y comencé a flotar.
Cuando mi alfa dijo que había planeado todo lo que haríamos en el día, me desconcerté. Estaba preocupada por tener que darle la noticia, y esa preocupación se combinaba con la ansiedad de pensar que podría darse cuenta por sí mismo. Fue por eso que cuando sugirió ir a nadar, acepté de...