El invierno se asentó en torno a la casa de la manada; y con ello el clima frío se infiltró en mi corazón. A pesar de mis esfuerzos por impresionar al Alfa, cocinar y limpiar para él, Aiden nunca lograba sentirse a gusto conmigo.
De hecho, ni intentaba acercarse. Le oía ir y venir de su habitación por las mañanas y por las noches, pero el hombre nunca se detenía. No era que quisiese conversar con su persona, no tenía nada que decirle; pero me dolía saber que mi esposo, aquel que debía cuidarme y amarme, no hacía esfuerzos por ninguna de esas cosas.
Producto de las bajas temperaturas, opté...