Pese a sentirme aún apabullada por los eventos anteriores, la reconocí de inmediato y mi corazón se desbocó en mi pecho. De igual modo emocionada, ella arrojó su cuerpo contra el mío y casi me hizo caer en el suelo rocoso. Entretanto, Caden y Ellen se alejaron un poco para darnos cierta privacidad. La Omega, en su forma de loba, me olfateó como si yo todavía fuera un cachorro, hasta que comenzó a llorar sin control.
En ese momento de vulnerabilidad, también mis ojos se llenaron de lágrimas mientras mi pecho se estrujaba de dolor. Para mí, mis días de cachorro solo constituían un borrón de eventos, a excepción de...