La estufa de la leña llenó toda la estancia de un olor y una calidez agradable. Crepitaba y chirreaba; más sin embargo, no ayudaba a disipar el pesado silencio que se apoderó del gran salón de la casa principal de la manada. La mayoría se estaban preparando para irse a la cama; entretanto yo permanecí sentada junto a la ventana, observando las tenues nubes grises con una taza de té caliente a la mano.
Envolviendo la parte superior de mi cuerpo con los dos brazos, las yemas de mis dedos se clavaron en las costillas. Un suspiro escapó de mis labios al pensar en el día sin incidentes, y en...