Chapter 1 Mujer desaliñada

Chapter 1 Mujer desaliñada

Siento cómo el frío se apodera de mi cuerpo, la tristeza que invade mi corazón. Tengo hambre, solo de pensar en mi familia lloro, pero ni mis lágrimas salen. Estoy perdida en un país que no es el mío. Me escapé de mi país por las guerras. En el mundo, las personas ya no tienen corazón, solo piensan en tener poder para creerse los reyes, humillan, manipulan y mueren personas inocentes. Corrí sin mirar atrás, solo debía sobrevivir y cumplir la promesa a mi madre de estar con vida.

Lo único que me quedó de ella fue su brazalete, que mi padre le dio como muestra de amor y ella me lo dio para que yo viva, para que yo sea libre.

Soy Hailey Melnyk, tengo 22 años, hija única de identidad ucraniana. Soy blanca, cabello rubio natural, ojos cafés claros, labios gruesos y cuerpo delgado.

Me quedé sin familia, sin un hogar, afligida al ver cientos de muertes desde el más pequeño hasta el más anciano. Soy afortunada de haber podido salir de allí. Vendí el brazalete de mi madre para cumplir con las palabras que me dijo en su último aliento. Aún siento la calidez de su mano, aún tengo la aterradora imagen de ella.

En el estado en el que estaba a punto de morir, "Deberíamos preguntarnos si hoy en día el ser humano tiene amor y temor de Dios en su corazón". Con el dinero del brazalete y mis ahorros, me escabullí de Ucrania y llegué a Nueva York. ¿Cómo? Fue un caos total. Con decir que en este momento estoy descalza y ya ni siento mis piernas del frío, ya que en este país es época de nevar.

Camino de un lado a otro, parezco una loca, una mujer desaliñada con unos trapos de ropa sucia. Hace ya tres días que no me baño, extraño a mi familia. Veo muchas parejas y familias y lloro porque me siento sola. Camino por lugares donde venden comida y me corren solo por mi apariencia. Le pido a Dios que me ayude porque siento que me quedo sin fuerzas, quiero dormir y pensar que todo fue una pesadilla.

Ya siento que no puedo dar un paso más, abro uno y otro auto para entrar en él, para cubrirme de la nieve y al menos sentir un poco de calor, pero nada, todos tienen seguro. Siento que es injusto todo lo que está pasando. Trato de abrir una y otra puerta, hasta que una camioneta grande de seguridad abre. Siento un poco de alivio, entro y el olor de adentro es agradable. El cojín es suave, tan suave que no supe qué pasó y me quedé dormida en un profundo sueño...

Arturo Villareal, tengo 31 años de edad, no los aparento, me cuido bastante. Soy empresario tecnológico, uno de los mejores, porque pronto seré el mejor. No tengo hijos y menos esposa, eso no me interesa.

Tengo amigas por montones. ¿Que si soy rico? ¡Sí, lo soy! Pero no porque mis padres me lo hayan dado, yo mismo me he ganado el puesto de CEO trabajando horas tras horas y trasnochando.

Mi mejor amigo desde pequeño se llama Paulo y tengo la vida que siempre quise tener: una gran casa, autos de diferentes modelos, mi mano derecha que es Paulo, aparte de ser mi amigo, trabaja para mí y en mi seguridad. En estos momentos estoy en un restaurante lujoso gourmet. Es de noche y como está nevando, quiero compañía para que me abrigue. Estoy con una linda morena de compañía. He tenido mucho trabajo y quiero quitarme el estrés. Claro, no me acuesto con cualquiera para evitar alguna aprovechadora y una enfermedad. Soy precavido, pero me gusta el sexo y bastante.

Luego de la cena y la labia que le metí, por fin se decidió a ir a mi departamento. A nadie llevo a mi mansión para que no se hagan ilusiones, ¡no! Tampoco subo con ellas.

En el mismo salgo y uno de mis hombres pone una sombrilla para ella y una para mí.

—Te veo en el departamento, Linda —le digo y le guiño el ojo de manera sensual. Ella hace el mismo gesto y me enciende.

Abren la puerta de mi auto, al entrar siento un mal olor. Cuando miro, hay una persona con un plástico transparente encima, está dormida pero tiembla.

—¡Paulo! —grito desesperado e irritado.

—¡Sí, jefe! —dice Paulo asomándose a la ventana del auto.

—¿Qué clase de seguridad tengo? ¿Por qué dejaron entrar a esta persona? Además, huele feo. ¿Y si está muerta? —Paulo inmediatamente se fue al otro extremo de la puerta. Al abrirla, salió ese olor feo. Arturo se puso una mano en la nariz para no oler. Paulo quitó la bolsa transparente que cubría el cuerpo de la persona y vio que era una mujer. Arturo no quitó la mirada para nada.

—¿Y si está muerta? ¿Te imaginas en el problema en el que me voy a meter porque tus hombres hacen mal el trabajo?

—Lo lamento, no comprendo cómo esto sucedió, jefe —responde Paulo mirando a la chica y poniendo dos dedos en el cuello de ella para comprobar si tenía pulso, pero estaba muy fría y acurrucada—. Está como inconsciente, además tiene frío, jefe. Tal vez no tenía dónde refugiarse y como no le pusieron seguro, ella entró —Paulo la revisó para saber si tenía un arma o navaja, pero no, solo la ropa que estaba sucia.

—Jefe, ¿qué hacemos? —pregunta Paulo y fija su mirada en Arturo.

—Correrla de aquí, es una abusiva.

—Entiendo, jefe. —Paulo intentó despertarla, pero nada la movió de un lado a otro hasta que ella abrió sus ojos—. Señorita, señorita, levántese por favor —pidió Paulo.

—No, no —deliraba ella.

—Señorita, no la quiero sacar a la fuerza, por favor salga por su propia voluntad —insistió Paulo con preocupación. Hailey abre los ojos poco a poco, pero veía borroso, se sentía ya sin aliento, solo vio la figura de un hombre arrogante.

—¡Me siento mal! —dijo ella con voz muy bajita.

—De seguro miente, Paulo, y quiere sacarnos dinero —dice Arturo—. Habla idioma ucraniano Rusia, no es de Nueva York, señor.

—No me interesa, sácala, huele a feo —Paulo la iba a sacar, Hailey escuchó y sacó de su último aliento.

—¡Por favor, ayúdeme! —dicho esto, se desmayó.

—¿Ahora qué hacemos, amigo? ¿Deberíamos ayudarla, no crees? Vamos, no se ve mala persona, de seguro está pasando necesidades.

—Ok, pero tú te haces cargo de ella.

—Está bien, jefe. —baja un poco los vidrios para que salga el olor, aplica aventador, huele muy mal esta niña y apresúrate, la morenita me está esperando —dijo Arturo con arrogancia.

—En menos de 10 minutos la llevo, jefe...

Al llegar al departamento de Arturo. —Ocúpate de ella, llévala a la mansión.

—¿En serio?

—¡Sí!, llama al médico de la casa para que la revisen.

—Vaya, pensé que no tenías sentimientos...

—Me conoces muy bien, me extraña que me digas eso.

—Lo sé, amigo, puedes ser duro, pero tienes corazón. Así somos, así toca para ser respetados.

—Pon más seguridad para mí, nos vemos luego.

—¿Pasarás la noche con ella?

—Si es buena en la cama, sí. Si no, me voy a casa...

Paulo llegó y cargó entre sus brazos a Hailey. El olor era horrible, pero se lo aguantó. La llevó a la primera habitación de la planta baja.

—Niño Paulo, ¿y esa joven? —pregunta Rosita.

—Rosita, ayúdame, es una larga historia. Ya que eres mujer, necesito que la bañes.

—¡Huele mal!

—Sí, pobre chica, está débil. Llamaré al doctor, pero báñala bien y con esencias para que el doctor la pueda revisar y hazle algo de comer, está muy delgada.

—Claro que sí, niño Paulo...

Llegó el doctor y Hailey estaba en la cama. Rosita le puso un vestido de flores y la peinó. Paulo se sorprendió al ver lo hermosa que era, nada comparado con la mujer que él vio toda desaliñada. —Hay que hacerle unos exámenes para estar más seguros, pero está hermosa joven solo necesita dormir. Prendan la calefacción, ya que la bañaron le pondré esta inyección porque tiene fiebre, pero eso se debe a todo el frío que recibió. Dormirá largas y largas horas, tiene sueño retrasado, además sus pupilas están irritadas, está un poco desnutrida.

—No se preocupe, doctor, yo me encargaré de que la niña se alimente —dijo Rosita.

—Ustedes sí que me sorprenden, ayudar a esta chica. Recibirán una recompensa divina de Dios —dijo el doctor muy sonriente.

Luego de que el doctor se marchó —Rosita, creo que hoy no le hagas de comer, ella será como la bella durmiente. —Tienes razón, dormiré aquí con ella.

—Gracias, Rosita, eres un amor. Avísame cualquier cosa, voy a darme un baño, tengo el mal olor que ella tenía. Hiciste un buen trabajo.

Estoy con la morena, sí que lo hace muy bien. Me siento complacido con ella. Luego del segundo acto sexual, voy y me sirvo un trago, pero por alguna extraña razón se me viene a la mente la mujer ucraniana, qué aspecto tan feo y desaliñada. ¿Qué le habrá pasado? Llamaré a Paulo. ¡¿Pero qué mierda me pasa por la cabeza?!, ese no es mi asunto, sino de Paulo.

Al día siguiente, Paulo, como siempre, madruga para hacer ejercicio. Pasó por la habitación y Rosita dormía junto a la chica. Su celular sonó y era Arturo — ¿La pasaste bien? —pregunta Paulo.

—¡Súper bien! —Necesito buscarme una nueva chica, la que tengo ya está intensa —dice Paulo.

—Te doy unas de las mías —responde burlón Arturo.

—No te pases, yo no como sobras.

—Bueno, saldremos a un club y conocerás a una, pero ven por mí.

—Está bien...

—A propósito, ¿y la desaliñada? —pregunta Arturo sin darle tanta importancia.

—Aun no despierta —Paulo le contó todo lo del doctor.

—Bueno, cuando despierte, se le da un dinero y que se vaya.

—Como digas, amigo... si te soy sincero, se ve que es una buena niña.

—Eso lo sabremos cuando despierte. Vamos rápido, amigo, tengo que ducharme y desayunar para irnos a la empresa.

—Como ordenes, jefe.

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