—¿Chelsito, te ayudo en la cocina? Ya terminé lo que debía hacer —dijo Hailey, dispuesta a hacerlo.
—¿Estás segura, Hailey? Hoy es un día muy apretado, no quiero incomodar.
—Para nada, más bien dime ¿por qué estás tan preocupado?
—Es el postre, niña. No sé qué hacer. Ya tengo la entrada, el plato fuerte... me falta el postre y también tengo los aperitivos.
—Calma, Chelsito. No sé si podría ser de mucha ayuda, pero sé hacer una torta de chocolate que me queda deliciosa.
—¿Me ayudarías con eso?
—¡Claro, si me permites!
—¡Confío en ti, niña! ¿Necesitas mi ayuda?
—Tranquilo, puedo hacerlo yo sola... eso creo —sonríe ella.
—Qué bueno,...