—Toma más vino, Hailey, es tu noche —ofrece Sabrina.
—Mañana tengo que trabajar, no es buena idea.
—Está bien, pero este fin de semana salimos juntas.
—Buena idea. ¿Tienes un cigarro? Tengo ansiedad.
—¡Vaya! Te gusta. Tómalo, pero con disimulo.
Hailey lo agarró y lo ocultó en su saco. Fue a la cocina y, como todos estaban ocupados, ella agarró un encendedor y fue al jardín.
Prende el cigarro y empezó a fumar. Sentía los músculos tensos, su cuerpo se relajaba desde que probó que el cigarro le ayuda con el estrés. Ahora fuma con frecuencia, aunque sabe que está mal y que sus padres estarían molestos con ella.
Ella...