Arturo siente tanta rabia que su cuerpo se tensa cada vez más, mientras que Paulo solo permanece observando todo en silencio.
Hailey empieza a lavar los platos para distraer su mente.
—Paulo, adelante, verifica que todo esté en orden —ordena Arturo, para quedarse a solas con Hailey.
—Como ordene, señor. Hailey, nuevamente gracias. Que tengas un buen día —se despide amablemente Paulo.
—Gracias, señor Paulo —dice ella sonriente.
La sonrisa se le borra cuando Paulo sale y ella queda sola con Arturo.
Él saca un cigarro y comienza a fumar mientras observa a Hailey.
—¿Te gusta Paulo? —pregunta Arturo, sin dejar de mirarla.
Hailey permanece serena, aunque por dentro desea que él se vaya, ella sigue dándole la espalda.
—Señor, solo tengo agradecimiento con el señor Paulo. ¿Por qué la pregunta?
—Vamos, no soy idiota —Arturo arruga la frente y luego da una calada al cigarro, expulsando el humo—. ¿Sabes quién soy, verdad? Por eso entraste al auto.
—¿Acaso no fue evidente mi estado de salud aquella noche? Créame que no sé quién es usted, señor. Lo único que sé es que es mi jefe y ya —responde ella seca.
—Sabes que tengo dinero, ¿por qué de tantos autos viniste a parar en el mío?
Hailey se gira y seca sus manos.
—Para serle sincera, señor, si hubiera sabido quién es usted o quién era el dueño de ese auto, no me hubiera subido. Y su dinero me tiene sin cuidado. ¿Por qué interesarme en el dinero? ¿Qué lógica tiene? Usted no se fijaría en mí y yo jamás en usted. Entonces, ¿cuál es su problema? —pregunta Hailey, un poco enojada por lo que Arturo insinúa de ella.
Arturo aprieta el cigarro y da una calada profunda.
—Que yo me fije en ti, no, niñita, pero... ¡que tú te fijes en mí, sí! Soy irresistible para todas —habla Arturo, todo presumido.
—¡Ay, en serio! Ups, pues qué mal, no todos tienen el mismo gusto, señor Arturo. ¿Se le ofrece algo más? Debo terminar de limpiar.
Arturo apaga el cigarro.
Camina hacia ella, y Hailey queda contra el fregadero de platos.
Intenta estar tranquila aunque su corazón se acelera.
—¿Qué es lo que quieres, Hailey? —dice él muy cerca de ella.
—Sea más específico, señor —responde ella y traga saliva.
—¡Maldita sea, Hailey, no tengo paciencia! —hace él un gesto de disgusto.
—Créame que si supiera, le respondería.
—¿Te gusta Paulo o yo?
Esa pregunta la deja atónita.
—Ninguno, señor. Yo solo soy una empleada y ustedes mis jefes —responde ella, muy incómoda.
—Espero que nunca olvides tu posición.
—Y yo espero que usted nunca olvide que las personas, cuando se esmeran, brillan con su luz propia —se defiende ella.
—Tú nunca estarías en mi posición —se burla Arturo.
—¡Según usted, señor! ¿Puede por favor dejarme hacer mi trabajo?
—Yo soy tu jefe.
Hailey traga saliva.
Arturo acerca su rostro al de Hailey, ella puede sentir su respiración.
Lo siente tan cerca...
"Hailey me está haciendo perder la cabeza"... Arturo en sus pensamientos... mientras la tiene tan cerca.
Se acerca más a sus labios, siente una adicción por volverlos a sentir, observa cómo ella cierra los ojos de manera inconsciente. No sabe lo que ocasiona en él, su miembro está duro.
Empieza a besarla, pero ella es torpe, no sabe hacerlo, lo que lo excita más.
Escucha que jadea y trata de mantener su ritmo salvaje, su respiración cada vez es más agitada. Se aleja de ella y de manera burlona le dice:
—Te dije que soy irresistible.
Ella abre los ojos de par en par y le dice:
—Pensé que esta "niña" como yo no le hacía ni cosquillas —le dice mientras mira su hombría, aunque se arrepiente de haberlo dicho, pero él la hace decir esas cosas.
Él sonríe con amargura —¿Hablas de esto? —él agarra la pequeña mano de ella y la pone en su miembro.
Ella da un brinco, era la primera vez que tocaba la parte íntima de un hombre y eso que es con el pantalón puesto.
Ella retira su mano muy nerviosa.
—Deberías buscar a tus amiguitas que te bajen la calentura —habla ella retante.
—¿Para qué? Si tengo a mi empleada. ¿Cuánto quieres, Hailey, por acostarte conmigo? Te pagaré lo justo por tu servicio.
Los ojos de Hailey se ponen llorosos.
—Es una lástima, señor, porque no estoy en venta. Esas cosas solo las piensan pocos hombres como usted —responde ella con valentía.
Él se acerca más a ella.
—Cuidado cómo me hablas —habla amenazante Arturo.
—El hecho de que sea mi jefe no le da derecho a faltarme al respeto.
—No seas infantil. Si eso es lo que quieres, que te coja, agradece que te voy a pagar.
Hailey no soporta más y le da una bofetada, lo que la sorprende incluso a ella misma.
Arturo la agarra de la mano con fuerza.
—¡En tu puta vida te atrevas a volverme a tocar el rostro! —dice él muy eufórico.
—¡Y usted a faltarme al respeto! Le pido de buena manera que me suelte, me está lastimando.
—Eres solo una empleada, nunca lo olvides.
Arturo la suelta y la mira con desprecio.
Hailey se desploma al suelo al ver que ese hombre se marcha, se acurruca llorando, él le hace mucho daño.
Se pone a terminar de limpiar mientras canta para aliviar el dolor de su corazón.
Ella llega a la mansión cansada, va a su habitación para darse un baño.
—Qué niña para hacerme enojar tanto que debería echarla.
—¿Hablas de Hailey? —pregunta Paulo.
—No me prestes atención —Arturo tensa su mandíbula.
—Admite que te gusta —lo mira fijamente Paulo.
—¡Estás loco!
—Ojalá después no te arrepientas, Arturo —le dice Paulo, como advertencia.
Luego de un día largo de trabajo, Arturo camina a su habitación pero siente el impulso de ir a la habitación de Hailey sin ser visto.
Al entrar, cierra la puerta despacio y escucha a Hailey cantar.
"Tiene una linda voz", piensa él.
Se acerca más, hasta llegar al baño, y la puerta está medio abierta.
Se queda boquiabierto al verla como dios la trajo al mundo, ella está de espaldas, el agua se desliza por su lindo cuerpo.
Es delgada, su cintura pequeña, su trasero bien definido como si trabajara en su cuerpo.
Él siente las ganas de entrar y hacerla suya, pero decide salir cuando escucha que tocan la puerta.
Arturo se mete debajo de la cama como puede.
—¡Un momento! —grita Hailey, sale con un paño cubriendo su cuerpo.
—¿Quién?
—Soy yo, Iliana.
Hailey abre la puerta y asoma su cabeza.
—Iliana, qué gusto verte —sonríe Hailey.
—Estás ocupada, lo lamento.
—No te preocupes. ¿Necesitas algo?
—Es que los chicos me dijeron de salir este fin de semana.
—Genial, Iliana, así no me siento sola —Hailey es muy amable con quienes lo son con ella.
—Casi lo olvido, mira, traigo esta plantita para ti. La puedes plantar en el jardín trasero, hay espacio —extiende la plantita Iliana.
—Iliana, muchas gracias, qué linda.
—De nada, te veo luego.
Hailey cierra la puerta y pone la planta en la mesita de noche.
"Así podré sentir que estoy cerca de ustedes, mamá, papá, los extraño".
Suspira y empieza a cambiarse, tiene trabajo por hacer. Toma su planta y sale de la habitación.
Arturo, que esperaba debajo de la cama, no puede evitar mirarla mientras se viste. Al escuchar que ella se va, sale de debajo de la cama.
Cuando sale...
—¿Niño Arturo, qué haces en la habitación de Hailey? —pregunta Rosita enojada.
—Rosita, no pienses mal, solo la estoy buscando.
Ella lo mira y dice —Está en el jardín de atrás. ¿Para qué la buscas?
—Haré una fiesta y necesito que ella deje todo organizado.
—Es tu casa, sí, pero no quiero volver a saber que has entrado en la habitación de ella. Te conozco... —lo regaña Rosita, hasta desea darle un jalón de orejas.
—Rosita, deja el drama, ella no es mi tipo.
Es fin de semana y Hailey está feliz, por primera vez iba a salir y ya tenía amigos.
Fueron en taxi a un bar donde venden toda clase de comidas rápidas y bebidas alcohólicas.
—¿Te gusta el lugar, Hailey?
—¡Sí, chelsito! Está genial —responde ella mientras mira todo.
—Estás estresado, ¿por qué? —pregunta Paulo, que lo conoce perfectamente.
—¡Por nada!
—Es fin de semana de hacer casería y estás de mal humor, eso es raro de ti.
—Paulo, no empieces, sí —lo mira mal Arturo.
—Está bien, pero dime ¿es por Hailey, verdad? Hoy salió a un bar.
—¡Basta! Estás igual a Rosita. Ella no me interesa para nada. Es una mujer corriente y desaliñada para mí —habla Arturo de manera arrogante.
Después de minutos de silencio.
—¿Cuál es?
—¿Cuál qué? —pregunta Paulo sin entender.
—¿Cuál es el bar?
—¡Lo sabía! —se burla Paulo.
—No te burles, Paulo.
—Me causa risa tu estupidez, pero te advierto que si lastimas a Hailey, te doy una golpiza —lo amenaza Paulo.
—Eso no pasará, porque no tendré nada con ella.
—¿Por qué me miras tanto, Iliana?
—Es que pareces otra Hailey, te ves linda.
—Gracias, Iliana, tú también te ves guapísima, pero te digo un secreto.
—Claro, dime.
—Esto soy en realidad. Bueno, ya te conté toda mi historia y que estudiaba finanzas, pero también hice una pequeña carrera de modelaje. Nadie lo sabe, apenas la estaba empezando cuando sucedió la guerra.
—Oh, es una lástima. Serías la mejor. ¿Por qué no retomas el modelaje? Eres linda y joven, aquí puedes tener éxito.
—Lo he pensado, Iliana, pero quiero terminar mi carrera de finanzas.
—Mira, debes pensar que con lo que te paguen de modelo, pagas tus estudios.
—Tienes razón.
—¡Miren quién está allá! —dice Chelsito.
—¿Qué hace el jefe aquí? —pregunta Luis.
—Seguro viene a ver qué conquista —dice Hailey.
—¡Ya la viste! Vámonos, es muy raro que un hombre tan reconocido como tú esté en este lugar.
—De aquí no me voy, Paulo —responde Arturo con firmeza.