Chapter 6 Está adición que siento por ti

Chapter 6 Está adición que siento por ti

—¿Qué vas a hacer, Arturo? ¿Ahora vas a estar detrás de Hailey? —lo fulmina Paulo.

—¡Ella es mi empleada, me pertenece! —habla Arturo con autoridad.

—¿Te estás escuchando? —Paulo habló un poco preocupado—. Es una chica muy dulce, la vas a lastimar.

—Ya cállate y pide el mejor trago que tengan en esta pocilga.

Paulo llegó con el trago.

—Por lo menos algo más o menos bueno, tomemos un trago mientras observamos.

—Hay muchas mujeres aquí mirándote, puedes fijarte en una de ellas y así dejas en paz a Hailey.

—Me vale mierda —Arturo se puso más irritable.

—¿Quién diría que Hailey robaría tu corazón?

—Estás demente, solo la quiero llevar a mi cama.

—Si le haces daño, te la verás conmigo —lo amenaza Paulo.

—¡Vale más nuestra amistad que esa mujer!

—Esa "mujer", como tú le llamas, ha sufrido mucho en esta vida.

—¡Ay ya!, ya no quiero escuchar tus sermones —hace señas Arturo con sus manos.

Los dos hombres empezaron a tomar.

—Hailey, ¿son ideas mías o el jefe no deja de mirarte? —dice Iliana, mientras mira a Arturo de manera disimulada.

—¡Estás loca! Ese hombre me odia, ¿entiendes? "Me odia", jamás se fijaría en mí —Hailey niega con la cabeza.

—Como no, deja decir eso, eres linda, muy hermosa.

—Gracias Iliana, tú también. Qué bueno tener una amiga como tú —Hailey quiere cambiar la conversación, nada más con saber que Arturo la está mirando, la tiene con los nervios de punta.

—Lo mismo pienso yo, he estado tan sola en este mundo. Mi única familia es Rosita, Chelsito, Luis y tú. Aunque no somos de la misma sangre, les tengo un cariño especial a todos ustedes.

—Estamos sin padres, Iliana, tú y yo, pero tenemos personas que nos tienen cariño.

—Tienes razón. Oye, ¿por qué no tomas? Desde que llegamos y por qué estás tan nerviosa —Iliana fija su mirada en Hailey.

—No tomo porque nunca lo he hecho y porque tienes razón, el jefe está mirando mucho.

—Lo sabía —Iliana sonríe.

—Tal vez te mira a ti —dijo Hailey.

Iliana rompió a carcajadas —¿Qué dices, chiquilla? Te voy a contar algo.

—¡Te escucho! —Hailey presta atención.

—¡Soy lesbiana!

—¿Qué? —Hailey está sumamente sorprendida.

—Sí, pero baja la voz, no se lo digas a nadie. Aún no salgo del clóset, pero el jefe sí lo sabe.

—¿Por qué lo dices? —Hailey desea saber más.

—Bueno, una vez tuve que ir a su penthouse para arreglar las plantas de la terraza y las artificiales.

Entraron dos mujeres muy atractivas, y como me quedé viéndolas, él esperó a que las mujeres entraran a su habitación y me dijo:

—¿Qué tanto miras? ¿Quieres hacernos compañía acaso? ¿O te gustan las mujeres?

—¿Y qué le dijiste? —pregunta intrigada Hailey.

—Bueno, le dije... "Señor Arturo, tiene usted muy buen gusto".

Él me quedó mirando y dijo: —Entiendo...

—¿Eso fue todo?

—Sí.

—Vaya, bueno, guardaré tu secreto.

—Gracias, Hailey. ¿Por qué no vamos a bailar?

—Me da pena —Hailey se sonroja.

—¡Ay, niña! Toca que salgamos más seguido. Esperemos que vengan los chicos y los invitamos a bailar. 🎶

En la pista de baile...

—Te mueves muy bien, Hailey.

—¡Ay, Chelsito! Haces que me dé más pena —dijo ella con una sonrisa nerviosa.

—Toma un traguito y ya —dijo Iliana, para calmar los nervios de Hailey.

—Sí, Hailey, por nuestra amistad —propone Luis.

—Bueno, está bien, pero uno solo, nada más.

Hailey se tomó el trago de vodka y su garganta ardió mucho, empezó a toser.

—Tranquila, te acostumbrarás —dijo Luis burlón.

—¡Uy, chicos! Esto sí que arde.

Hailey se sintió más relajada, empezó a bailar, brincar, cantar, se divertía bastante. 🎉

—¿Nos vamos a quedar toda la noche mirando? —habló aburrido Paulo.

—Si quieres, lárgate —dice Arturo sin mirarlo, pues no deja de mirar a Hailey.

—Arturo, amigo, ¿por qué no lo admites?

—Cállate, mira esas dos perras de allá, quieren que se las cojan. Hazlo tú y a mí déjame en paz.

—Como digas, jefe —dijo Paulo animado.

Arturo se quedó solo en la mesa, claro está, tiene bastante seguridad a su disposición, solo que muy discretos.

—Señor, ¿se le ofrece algo más? —pregunta una camarera.

—Otra botella —ordena este, sin determinarla.

—"Mujeres corrientes" —Arturo en sus pensamientos.

Se quedó mirando a Hailey, hasta que la vio irse al baño y él, de manera discreta, llegó al baño también. Cuando ella terminó de orinar, abrió la puerta y Arturo entró.

—¿Señor, qué hace? —preguntó ella asustada.

—¿Qué haces tú, Hailey? ¿Por qué estás vestida así? —habló él, su voz dominante.

—¿Así cómo, señor? ¿Cuál es su problema conmigo? —pregunta ella, ya cansada de él.

—Pareces una zorra así vestida —dijo él con crueldad.

Hailey lo miró con odio.

—¡Sabe qué, señor, váyase a la mierda!

—¿Qué has dicho? —preguntó él sorprendido.

—¡Lo que escuchó! Estoy harta de sus insultos, humillaciones. Usted se cree el dueño del mundo cuando es solo un puto ser humano más de carne y hueso. El día que usted se muera, no se va a llevar nada al infierno —Hailey habló a gritos.

—¡Me vale mierda! Mientras esté en este mundo, no dejaré de ser como soy, guste a quien le guste —responde él con arrogancia.

—Es usted un abusivo, egoísta. ¿Por qué entró al baño así de esa manera?

Arturo se quedó en silencio, conteniendo su ira, y le dio un puño a la pared. Hailey pegó un brinco del susto.

—¡Señor, déjeme en paz!

Arturo le cubre la boca con su mano al escuchar a dos mujeres entrar.

Hablan de Arturo Villarreal mientras retocan su maquillaje.

Las mujeres salieron del baño.

Arturo le quitó la mano a Hailey de la boca. Están muy cerca.

—¿Qué le pasa? —pregunta Hailey, molesta.

Arturo se quedó mirándola y la besó. Ella se quedó sorprendida y trató de seguirle el ritmo del beso.

Pero ella lo separó de golpe.

—¿Qué hace? ¡Está loco! —lo señala ella.

—Eres muy grosera —dijo él y traga grueso, ese beso lo prendió.

—Usted es mi jefe, no estoy en su mansión y menos en su penthouse para que me esté dando órdenes. Estamos fuera de lo laboral.

—Donde sea que estemos, soy tu jefe y debes tratarme con respeto.

—El respeto, señor, no se pide, se gana y usted es demasiado grosero.

—Quítate el vestido —ordena él, mirándola de pies a cabeza, su amigo está inquieto por sentirla.

—¿Qué? —ella abre los ojos de par en par, por si acaso.

—Lo que escuchaste.

—¿Usted cree que por qué me puse este vestido soy igual a todas esas mujerzuelas con las que usted se acuesta? Está muy equivocado, ¡yo soy una mujer decente!

—Claro, no te hagas más la rogada, saldrás ganada de tenerme entre tus piernas.

Hailey lo empujó con fuerza.

—Poco hombre machista, algún día se tendrá que tragar todas sus palabras.

Ella intentó salir pero no podía.

—Un permiso, o no respondo.

—De aquí no te vas, hasta que yo quiera —dijo Arturo con arrogancia.

—¡Sabe qué, váyase al infierno!

—Eso saca tus garras, tan santa, tímida que te haces, pero eres como todas.

Hailey se acercó y le dio con la rodilla en su hombría, haciéndolo estremecer de dolor.

Se acercó a él y le dijo:

—¡Poco hombre!

—¿Qué te pasó, Hailey? Me preocupas, casi voy a buscarte —dijo Iliana.

—Tuve un percance, pero estoy bien —Hailey empieza a respirar bien por fin.

—¡Estás roja! ¿Estás segura de que estás bien? —Hailey mira a Arturo subir las escaleras y se dirige a la terraza.

—Estoy bien.

Horas después...

—Hailey, ya es suficiente, no tomes más —dijo Chelsito.

—Chicos, eran ustedes los que querían, ahora que lo hago me detienen —se queja ella.

—Pero mírate, ya no puedes estar de pie —se burla Luis.

—¡Estoy bien! —ella vuelve a mirar a la terraza y allí está Arturo.

—Mejor vamos a bailar, así quitas un poco la borrachera.

Pero fue un grave error, las luces de la discoteca la marearon más.

—Chicos, ya fue suficiente, nos vamos —dijo Chelsito.

Tanto Luis como Iliana asintieron, menos Hailey, que no quería irse.

Pero la sacaron del bar aunque no quisiera.

—Ahora, ¿cómo agarrar un taxi a esta hora? —habló Iliana con cansancio.

—Vayan en mi otro auto —ordena Arturo con voz fría y potente.

—Sí, señor Arturo, no se preocupe, no queremos molestarlo —responde Chelsito.

—¿Van a la mansión? Entonces, suban a ese auto.

—Vamos, Hailey —dijo Iliana.

—Ella va conmigo —ordena Arturo.

Tanto Luis, Iliana y Chelsito se miraron.

—¿Hay algún problema? —pregunta muy molesto Arturo.

—Jefe, es que ella vino con nosotros y con nosotros se va —habló Luis con respeto.

—Y así será, en el auto donde ustedes van no cabe más personas, porque están los de seguridad también, así que no me hagan perder mi tiempo y suban al auto.

Los tres asintieron.

—¿Qué hace el señor mandón? —ríe Hailey con amargura.

—Hailey, estás tomada, solo por eso, no voy a prestar atención a tus palabras.

—¡Mandón, mandón, amargado! —dijo Hailey muy seguido.

Él, al ver que el auto donde iban los demás se marchó, cargó a Hailey y la subió a su auto privado.

—¿Qué haces? ¡Súltame! —grita ella.

—Quieta, Hailey.

Él la dejó en el auto y luego se subió.

—¿Qué haces? ¿Por qué haces esto?

—Solo te hago un favor.

—¿Usted? Una persona sin corazón. Por favor, lo único que hace es burlarse de mí. Estoy tomada, pero esto en mis cinco sentidos.

Arturo se acercó y la besó. Luego de oírla suspirar, dijo él:

—Vamos a mi apartamento —dijo él excitado.

—¡No!

—¿Qué? —dijo él sorprendido.

—No soy una zorra, ¿entiendes? No iré a esa habitación donde te revuelcas con todas esas mujeres.

—¿Tienes celos? —habla él presumido.

—¿Celos de ti? ¡Te crees mucho! Pero lo siento, para mí solo eres mi jefe y ya.

—¡Mientes! —dijo Arturo enojado.

Él la volvió a besar.

Y luego dijo:

—Santos, llévame al Hotel Principal.

(Hotel de alta categoría)

Hailey permaneció en silencio.

Cuando entraron en la habitación, Arturo la puso contra la puerta, sujetó las frágiles manos de ella hacia arriba y la empezó a besar con desesperación.

Se separaron, porque ella ya casi no podía respirar.

—¿Quieres acostarte conmigo para después burlarte de mí? —pregunta Hailey con una sonrisa amarga.

—¿Y qué? Un acostón no tiene nada de malo.

—Hay muchas mujeres que mueren por estar contigo, y estás perdiendo aquí tu tiempo. Él sonrió con amargura y dijo:

—Deberías estar feliz, porque tengo un poco de compasión por ti y te voy a comer.

—¿Es en serio? —Hailey se zafó de él y corrió hacia el baño. Ella se encerró.

—¿Es en serio? ¿Te vas a comportar como una niña? Claro, eso eres y no lo dejarás de hacer, una inmadura.

—¡Prefiero ser así! —gritó ella— y no un ser despreciable como tú. Aléjate de mí, no quiero acostarme contigo.

—¡Todas quieren! Así que no te hagas la difícil.

—¡Poco hombre! —gritó ella y abrió la llave de la regadera, ya que la puerta está con seguro, se quitó el vestido y la ropa interior.

Ella dejó caer el agua tibia sobre su cuerpo. Sin más, las lágrimas empezaron a salir una tras otra.

Enamorarse por primera vez de un hombre tan cruel como Arturo Villareal.

Él no le rogó más, se fue del hotel dejando pago y fue en busca de compañía.

En su apartamento se encuentra él tomando un trago con desesperación.

Se siente frustrado de que Hailey lo tratara así y que lo rechazara.

Llegó una mujer, María, es una dama de compañía muy cotizada en Nueva York.

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