Mensajes de texto.
El domingo por la tarde, Javier entró en el viejo y sucio gimnasio saludando a todos los chicos que estaban entrenando o pasando el rato. El gimnasio de Bob era un enorme edificio de ladrillos tan viejo cómo el mismo dueño. Ese lugar cómo muchos otros en el barrio, vio crecer a unos pequeños Alex y Javier.
—Hola Alicia —Javier le dedicó una brillante sonrisa a la nieta de Bob, una pequeña chica de catorce o quince años que ocasionalmente hacía su tarea detrás del mostrador.
—Javier —Ella literalmente suspiró y él contuvo una sonrisa, ella estaba perdidamente enamorada de él.
— ¿Está Alex por aquí? —Ella...