Consentimiento
Alex se removió en las suaves sábanas sin abrir los ojos, le dolía la garganta y la cabeza, estaba muy incómodo y se dio cuenta que la sábana se le había pegado en la mejilla. Se sentó en el borde de la cama frotando el sueño de sus ojos y moviendo su cuello que repentinamente le dolía demasiado. Entonces abrió los ojos y frunció el ceño.
Ésta definitivamente no era su casa.
Se dio la vuelta y no había nadie más en la habitación, suspiró aliviado y un poco consternado. La habitación tenía paredes blancas y pocos muebles, parecía que no era de nadie.
Entonces recordó.
Estaba en casa...