Primer encuentro.
- ¡Llegan tarde! - Alex y Javier se miraron nerviosos y luego se señalaron al mismo tiempo y comenzaron a gritar excusas tontas sin sentido. Julio Nieves era un hombre bastante impaciente y definitivamente no le gustaba oír estupideces de su sobrino ni su amigo - Me importa un comino lo que haya pasado ¡Pónganse a trabajar par de pendejos! - Julio pasó a un lado de ellos que aún se dedicaban miradas feroces y golpeó a cada uno en la cabeza antes de marcharse a su oficina.
El taller de Julio había existido prácticamente desde que el barrio se había formado a su alrededor, había pertenecido a la familia Nieves desde que sus bisabuelos habían desertado de Colombia por una mejor oportunidad, y eso llevó a la familia Nieves a New York. Julio suspiró cansado y se acomodó tras su viejo escritorio de madera y un montón de papeles que debía firmar, arreglar o pagar. La vida en Estados Unidos no era para nada fácil si eras inmigrante, a pesar de que su familia tenía varias generaciones echando raíces en ese país la vida era muy cara y no siempre le pagaban bien o justamente por sus servicios.
Definitivamente la vida en un país que no era el propio nunca era fácil.
- ¿Crees qué nos vaya a descontar el día? - preguntó Javier una vez que se cambiaron la ropa normal por grandes monos de mecánico sucios y llenos de grasa.
- No llegamos tan tarde - se quejó Alex mientras revisaba el interior de un Chevy bastante viejo, Javier saludo a un par de sus compañeros de trabajo y se apoyó en el auto junto a Alex.
- Sabes cómo es el tío Julio - Alex rodó los ojos y Javier sonrió como siempre - ¿Desde cuándo no vas al gimnasio?
- Desde hace un par de días - murmuró Alex distraído con el motor del Chevy - Tengo una pelea pronto.
- ¿De cuánto? -pregunto Javier acercándose, ahora parecía más serio.
- Parece que ésta vez serán más de dos mil - Javier silbó sorprendido y sacudió la cabeza con admiración-. Pero dicen que el tipo es bastante grande - la carcajada exagerada de Javier inundó el lugar haciéndolo un poco más cálido para todas las personas dentro del taller, ese era su talento especial aunque él a veces no supiera verlo, Alex sonrió un poco.
- Eso dijeron de McMiller y mira cómo lo dejaste, creo que aún no puede mover el brazo derecho del todo - la risa de Alex vibró por todo el lugar junto con la de Javier, a pesar de que sus días no eran los mejores, siempre había algo de felicidad en ellos.
A la hora del almuerzo todos se sentaron en unas viejas sillas fuera del taller con su comida, Alex y Javi como siempre fueron por unos perros calientes y luego volvieron para conversar con sus compañeros, un grupo de chicas paso frente al taller riendo y cuchicheando entre sí.
-Joder, Estefanía se ha puesto muy buena -comentó Javier y Alex rodó los ojos - ¿Qué?
-Amigo, se nota que te hace falta ir a la cama -dijo Alex, no de una forma despectiva, si no porque era la tercera vez que lo decía al ver a una chica pasar frente a ellos.
- ¡Vaya novedad! -dijo Javier soltando una carcajada, el grupo de chicas se acerco un poco más y Estefanía le sonrió a Alex alzando su mano.
-Hola Alex -Alex solamente le dio un leve asentimiento mientras que Javier alzo la mano -Eh... Hola ¿Javier, no?
Él asintió perdiendo la sonrisa, las chicas se fueron y ambos se giraron al escuchar las burlas de sus compañeros detrás de ellos.
-Vaya galán, ¿Javier, no? -se burló Antonio y Javier le sacó el dedo medio y luego miro a Alex que llevaba su usual cara de fastidio.
-Te odio -declaró Javier y Alex alzó una ceja - ¿Cómo mierda haces?
-Yo no hago nada -se defendió frunciendo el ceño lo que hizo que Javier se cruzara de brazos enfurruñado.
-Exactamente -murmuro de mal humor.
La luz del sol se había ido dando paso a la luna para iluminar el cielo nocturno, Alex y Javier salían del taller de Julio a las siete sin ningún inconveniente más que algo de grasa en lugares incómodos, cuando Samuel, el menor de los Nieves los alcanzó en la calle.
- ¿Qué estás haciendo aquí enano? - Alex se alarmó al ver a su hermanito corriendo hacía él - Se supone que Jackson iba a cuidarlos hoy - Dijo refiriéndose a su otro hermano de 16 años.
- Es que Jackson se fue a una fiesta y sólo nos dejó cereal para cenar pero tenemos hambre -Alex llevo sus dedos hacia el puente de su nariz y contó hasta diez para no perder su mierda en medio de la calle.
- Maldita sea ¡¿Cuándo aprenderá a escucharme ese pequeño pedazo de mierda?! - Lo intentó pero no pudo si no gruñir como un animal salvaje haciendo retroceder un poco a su hermanito, al verlo Alex se obligo a calmarse aunque ya esto era rutina para él, cada viernes Jackson hacía la misma gracia dejando a sus hermanos pequeños a su suerte, debería saberlo mejor - Vamos Sam - Alex tomo la mano de su hermanito y los tres caminaron un par de cuadras en silencio hasta que llegaron a su calle, dónde se detuvieron un par de casas antes de la suya y tocaron la puerta.
- ¿Alex? - La puerta se abrió revelando a una morena menuda de anchas caderas, cintura de avispa y una gran mata de rizos que volaban libremente entre sus hombros, llevaba unos shorts cortos y una camiseta de tirantes sin sujetador. María Valdez era en definitiva una de las mujeres más hermosas de todo el lugar y Alex no era indiferente a eso - ¿Sucede algo?
- Es viernes - Alex explicó señalando a Samuel y luego en la dirección de su casa - ¿Podrías...? -La chica no lo dejó terminar antes de entrar en su casa por unos minutos para cambiarse de ropa, luego volvió vistiendo unos jeans desgastados y una camisa simple, tomó la mano de Samuel y empezaron a caminar a su casa.
- Gracias, María - Alex la detuvo antes de que ella se fuera y ella le dedicó una brillante sonrisa.
- No es nada - luego ella se dirigió a Sam mientras caminaban tomados de la mano - Muy bien Sam ¿Qué te gustaría para cenar?
- Me encanta su culo - murmuró Javier a un lado de Alex mientras veían a la morena alejarse con el pequeño.
- ¿Qué? -dijo Alex pero mentiría si dijera que no lo estaba mirando también.
- Hablo en serio, soy el fan número uno del culo de María Valdez - Alex miró un momento a su amigo qué hacía toda clase de caras pervertidas y hacía la silueta de María con las manos.
- Muy bien, seguro con eso la conquistas, pero ahora ayúdame a encontrar a mi hermano.
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- ¿Por qué mierda no estás vestida? - Al otro lado de la ciudad, Brenda Allen le reñía a su amiga porque aún tenía puesta su pijama de corazones cuándo deberían estar saliendo a una fiesta, Brenda como siempre estaba fabulosa en un vestido negro ajustado, su cabello perfectamente liso y su maquillaje sin una falla.
- No empieces - Gemma se quejó y dejó entrar a su amiga que pasó directamente hasta su habitación sin saludar, Gemma la siguió con pesar hasta su habitación dónde Brenda había sacado la mitad de su guardarropa - ¿Qué estás haciendo?
Brenda ignoró a su amiga y acomodó su largo cabello lacio en su hombro izquierdo - ¡Ajá! - Brenda sacó un vestido color azul oscuro con tirantes bastante finos, ajustado hasta la cintura y luego caía libremente hasta la mitad de sus muslos -No es lo mejor que hay pero servirá.
- No quiero salir hoy - se quejó, Brenda se detuvo de golpe y encaró a su amiga desaliñada y ojerosa.
- Escúchame bien Gemma Jacobs, tú prometiste que irías con nosotras ésta noche, mañana es el cumpleaños de Diana y se lo prometiste a ella- Ella se movió por la habitación revolviendo los cajones de ropa interior -. Escucha, no me he quejado en estos meses cuándo te he llamado y tú solo me dices que no puedes por qué estás muy ocupada siendo una ermitaña, o mientras me decías que no podías hablar porque ibas de camino al estudio o estabas estudiando o todas las excusas baratas que me diste.
- Oye...
- Déjame terminar - pidió alzando una mano y de inmediato Gemma callo - el punto es, que estoy preocupada por ti Gem, todos lo estamos - Brenda se sentó en la cama junto a ella y la miró con esa mirada de lástima que tanto odiaba Gemma - Sé que desde que las cosas terminaron con Noah...
- Esto no tiene nada que ver con él - Gemma se puso de pie rápidamente ignorando la punzada en su corazón que siempre le daba cuándo escuchaba el nombre de su ex novio - Está bien, iré.
- Bien - Brenda le entregó el vestido y el juego de ropa interior y luego la empujó hasta la bañera -Voy a hacer tu maquillaje.
Un par de horas después, Gemma estaba en medio de una alocada fiesta universitaria con una cerveza en la mano. Gemma se sentía más tensa que nunca a pesar de que era su tercera cerveza, ella recordaba cómo su vieja yo fácilmente podría estar en medio de la pista de baile riendo y cantando a todo pulmón, sin embargo aquí estaba en una esquina sola y deprimida tratando de embriagarse pero parecía que no podía.
Extrañaba a esa vieja Gemma, la que solía divertirse y ser capaz de mantener una conversación normal con las personas en un evento social, esta solo le daba repulsión a pesar de que tenía que vivir consigo misma a diario.
Vio a sus amigas bailar, Diana y Brenda reían y coqueteaban con todos los chicos del lugar y por supuesto todos ellos se peleaban para cumplir cualquiera de sus deseos solo por un poco de atención, tal vez ella también podía estar ahí si bebía lo suficiente para inhibir su asquerosa depresión.
Mientras tanto Alex y Javier entraron en la casa donde le habían dicho que estaba su hermano, era una fiesta de gente adinerada casi al otro lado de la ciudad y ninguno de los dos entendía que estaba haciendo Jackson ahí. Alex pasó el mar de gente a su alrededor buscando la cabeza castaña de Jackson pero no lo vio, le dijo a Javier que se separaran para encontrarlo, Alex se adentró en la casa un poco más hasta que diviso la cabellera descontrolada de Jackson en la cocina, se detuvo cuando vio que en el marco de la puerta había una chica, cabello largo y castaño claro, figura pequeña y delgada, tez pálida, vestido de cóctel, rasgos finos y delicados.
Hermosa. Pensó Alex, pero lo que más notó fue su mirada pérdida en la pared mientras sus manos jugaban distraídamente con la cerveza en su mano. Ella no quería estar ahí, sin embargo allí estaba luciendo bastante hermosa y triste.
Alex se acercó a ella, no para hablarle, sólo para pasar junto a ella con dirección a la cocina, justo cuándo iba a pasar ella levantó sus ojos hacía él. Santos orbes azules. Alex se dijo a sí mismo que jamás había visto ojos tan azules ni tan bonitos. Por un momento todo el mundo se congeló y sólo estaban ellos dos mirándose. Café contra Azul.