Hasta que la tinta se borre.
Gemma miraba el teléfono como si quisiera hacerlo desaparecer, volvió a suspirar y a apartarse lejos de la tentación. Estaba en medio de un ensayo y solo podía pensar en Alexander Nieves.
Habían pasado dos días desde su encuentro en aquel restaurante, aun se sentía en una nube si pensaba en aquella noche, su hermana la había mirado con una sonrisa burlona y ella solo la había empujado con las mejillas rojas mientras gritaba que la dejara en paz.
Y ahora miraba su teléfono con tanta atención que casi parecía obsesiva.
¿Debería llamarlo?
Antes de poder contestarse a si misma esa pregunta su nombre...