Breya
Erin era como una bocanada de aire fresco para mí. Todo lo que decía era calmante y positivo. No creo haber conocido a alguien como ella antes. Era tan segura de lo que decía, tan convencida de su propia confianza. Ojalá pudiera aprender a hacer lo mismo.
—Breya, espera.
Me detuve en seco al escuchar la voz de Jacobo. Me giré hacia él y lo vi trotar ligeramente para alcanzarme.
—¿A dónde vas?
—Solo regresaba a mi habitación, ya terminé con Erin.
Metiéndose las manos en los bolsillos, detuvo nuestra caminata con una sonrisa suave en los labios. Me encantaba verlo así, era como si lo estuviera viendo por...