El sonido del fuego ardiendo llenaba mis oídos mientras el calor envolvía mi cuerpo frío. Era extraño pensar que encontraba consuelo aquí. Había una alfombra gris frente al pequeño fuego, y en el centro, una pequeña mesa de cristal.
Los olores de los diferentes alimentos que se encontraban sobre la mesa golpearon mi nariz, haciendo que mi boca se llenara de anticipación. A ambos lados de la mesa había dos cojines suaves. Una pequeña sonrisa se extendió por mi rostro mientras una sensación de humildad me invadía.
—¿Lo hiciste... tú?
Haciéndome señas para que me sentara, el Beta siguió su propia instrucción y se sentó frente a mí.
—Sí, pensé...