Breya
Mis ojos seguían las motas de polvo que flotaban sin esfuerzo, donde los rayos de luz se filtraban a través de las cortinas cerradas. Quería disfrutar de este momento simple pero satisfactorio. Me daba una sensación de paz, una verdadera paz desde el interior. Sin preocupaciones, sin interferencias de nadie ni de nada, ni siquiera de mi propia ansiedad; solo yo y la luz.
La noche pasada fue la primera vez que dormí en la cama. Estaba suave y acogedora, y honestamente, nunca me había despertado tan renovada. A pesar de las pesadillas que seguían acosándome durante el sueño, me desperté sin prisa, sin pánico. Estaba cómoda y relajada....