Punto de vista de Dalia
—¡Oh Dios! —grito, sin esperarme que alguien estuviera aquí a esta hora, y menos desnudo. Menos mal que está de espaldas.
—Perdona, Princesa Dalia. Yo... —comienza, pero no deja que termine.
—No es tu culpa. Solo que no esperaba encontrar a nadie aquí. —Voy hacia una esquina a recoger mi arma.
—¿Vienes para entrenar? —sonríe. No, estoy aquí para mi pedicura, mi masaje y las pruebas de vestido. ¿No ves a la chica bonita junto a la mesa esperando por mí?
—Sí. —Bueno, no quería ser grosera con el chico coqueto.
—Pues puedo ayudarte con eso, si no te molesta. —Bueno, yo sé que hay...