—No me hagas repetirlo otra vez, Dalia. —Camina furioso hacia nosotros, con la mirada fija en Colín. En este momento, de verdad necesito que mi hada madrina me convierta en aire, lejos, muy lejos de su ira.
—Solo estábamos conversando y, que yo sepa, en este país hay libertad de expresión. —Dice Colls con una actitud de superioridad. Dios, está muerto si no le callo la boca.
Damón tenía una mirada mortal, sus cejas se movían y una vena en su cuello palpitaba visiblemente antes de que sus ojos se posaran en los míos. Y recordé su última declaración durante el almuerzo del día anterior.
—Si veo a algún chico...