—Te mataré si te veo cerca de ella en algún momento, princesa —dice Damián entre besos, yo jadeando por aire, que no dura mucho, ya que Damón me atrapa.
—Eres nuestra, solo nuestra. Cada toque, cada sonrisa, cada beso, nos pertenece a nosotros y no nos gusta compartir lo que es nuestro. Nadie te apartará de nosotros, ¿me oyes, princesa? —Mi pecho sube y baja con fuerza, tratando de despejar la niebla en mi mente, sintiéndome mareada.
Escuchar esto me excita tanto que no puedo evitar gemir, sintiendo cómo la humedad se acumula entre mis labios hinchados que piden atención urgente. Vaya, soy una pervertida, ahí están ellos, reclamándome, regañándome...