¿Por qué tiene que ser siempre tan controlador, con ese traje gris de Armani, su corbata azul marina y sus zapatos del mismo color? Te juro que odio cada centímetro de su ser, especialmente esa mirada estúpida que Damián tiene pegada en su rostro sexy. Espera, se supone que debo estar enojada, no estoy aquí para estar admirándolos. Dalia, pon tu cabeza en lo que importa, me regañé mentalmente.
—Está bien, solo porque tengo hambre y no creo que sea prudente ser tan amigable con tu asistente personal —le solté.
—Me alegra que hayas dicho "nuestra asistente personal", nena, porque eres nuestra y de nadie más. Ahora ven aquí antes...