—No confías en mí, ¿verdad? —Preguntó en un susurro.
Permaneció en silencio.
—Sí, estoy empezando a dudar de ti —Finalmente logré decir.
—Soy sincero, Vicky. Lo soy de verdad —Harry habló con seriedad.
—De acuerdo —dije.
—¿De acuerdo? ¿No tienes una explicación de por qué sientes la necesidad de interrogarme? Habló de repente, sorprendido.
—¿Debo hacerlo? Puedo confundirme a mí mismo —Le informé a Harry.
—En serio, ¿tenemos esta discusión ahora mismo? No empiezas a dudar de mí de repente cuando nos vamos a Nueva York pasado mañana. En serio, me voy a enfadar muchísimo contigo.
—Creí que ya lo estabas —resoplé—. Sólo te he preguntado una cosa, y tú...