Miré mi reloj y vi que ya pasaban unos minutos de las ocho. Rápidamente me hice una coleta con mi pelo negro ondulado, y volví a entrar en la cafetería. Busqué puntualmente el mismo puesto, y lo vi ya sentado allí desde la distancia. Estaba mirando alrededor del café, observándolo. Sonreí con cautela y me acerqué a Harry.
—Hola —le saludé.
Me vio de pie, y una sonrisa genuina apareció en su rostro.
—Hola —respondió.
—¿Ya has pedido? —Le pregunté.
—Todavía no, te estaba esperando —Me dijo.
Voy a traer un café —anuncié, y él asintió con la cabeza.
Me acerqué a la barra y vi que Kent me miraba...