Harry se lamió los labios, mientras me escudriñaba con detalle. No sonreí, no sentí la necesidad de simpatizar con él. Porque:
a) ese imbécil no se lo merecía y
b) porque es un imbécil manipulador.
Sentí que sus ojos no eran capaces de alejarse de mi cuerpo. Cambié juguetonamente mi posición de pie y vi que sus ojos seguían mi movimiento.
—Número uno —oí gritar al hombre de Harry.
Me acerqué a la mesa que había reclamado antes. Observé la actuación de la primera chica. Era buena. Sus movimientos no eran tan sobresalientes, todo el mundo podría hacerlo fácilmente. Pero pensé que, después de todo, había hecho un buen trabajo....