Tres años después…
Alina apretó los labios en línea recta, señal de su disgusto.
—No puedo creerlo, de verdad —movió la cabeza de un lado a otro—. Esto se me hace muy injusto, señor Nicholson.
—Lo siento, señorita Clark. Usted está en todo su derecho de estar molesta, y mostrar su indignación —la voz de su jefe sonaba comprensiva, mientras la observaba con uno de sus brazos sobre el escritorio antiguo de madera pulida, y con el otro debajo de su barbilla—, pero lamentablemente no podemos hacer nada.
—¿A qué se refiere? —preguntó incrédula— ¿Cómo que no podemos hacer nada?
—Son órdenes de arriba —chasqueó los dientes y se levantó...