Diana no sabía cómo actuar, qué hacer en aquel momento. Pues estaba completamente inmovilizada por el miedo. La oficina estaba siendo destrozada por ellos, como si estuviera en un duelo en el coliseo romano. Así que no se le ocurrió otra cosa que meterse entre ambos hombres, para tratar de separarlos y que no siguieran peleando. Esa fue la razón por la cual ella no lo vio venir, tampoco Ian tuvo tiempo de hacer algo. Cuando Andrew le estampó un puño en su delicado rostro que le hizo caer al suelo desmayada.
—¡Diana! —gritó Ian— ¡Maldita sea! —miró a Andrew y le espetó con completa furia—. Ahora sí que la...