Diana iba en el automóvil con Mark, absorta en sus pensamientos. Todavía no podía creer que Andrew hubiera acusado a Ian de tal cosa.
«¡¿Hasta dónde llega su descaro?!», se cuestionó.
—No se preocupe, señora. Él es un hueso duro de roer, estoy seguro de que saldrá bien de todo esto —el guardaespaldas Ian trató de confortarla, pues había observado su preocupación a través del espejo retrovisor.
Diana suspiró, lo último que quería era que él tuviera un problema legal con Andrew por su culpa. Al final, eran amigos desde hacía mucho tiempo. Colocó las manos en su vientre, sabiendo que la esperanza se encontraba dentro.
—Gracias, Mark —dijo—. Me...