Santino se encontraba de muy mal humor, pues tuvo que recurrir al trabajo manual en la ducha. Lo cual no ayudaba mucho, porque a su mente llegaba de a cada rato el recuerdo de su la desnudez de Gia sobre él.
Sin embargo; ahí estaba vestido para salir a cenar en uno de los restaurantes más lujosos de Monte Carlo, con su esposa. La mujer que amaba con locura, y la cual sabía que tal vez nunca iba a poder volver a tener. Todo por su culpa, por haber jugado con su confianza.
Estaba tomándose un trago de la bebida que había dejado el hotel en la mesita de sala...